La vida después de la vida

Paula Zabala: El ADN de un deportista

Paula Zabala

Sus primeros pasos en el deporte comenzaron cuando sus años los podía contar aún con una de sus manos, por lo menos así lo recuerda. Hoy, casi 30 años después y aunque ya no es una jugadora profesional, su vida aún gira alrededor del tenis, porque una vez deportista jamás se puede dejar de serlo.

Siempre me ha llamado la atención el tema de la vida después de la vida, y cuando me refiero a esto no estoy hablando de la muerte física, lo hago refiriéndome a esos momentos en los que por alguna razón tenemos que dar cambios radicales y a veces dramáticos a nuestra forma de vivir.

En esta ocasión me enfoco especialmente en el gran reto que tienen muchos deportistas profesionales o de alto rendimiento cuando deciden retirarse, o colgar los guayos como decimos los colombianos. ¿Qué pueden hacer luego de haber dedicado toda una vida al deporte, cuando en muchos casos es lo único que saben hacer?

Para escribir de este tema, no quería hacerlo hablando de fútbol o de mí, porque ya deben de estar cansados del asunto. Por esta razón, hoy les voy a contar la historia de una mujer que admiro totalmente en todo lo que hace, un ejemplo de integridad y quien dedicó su vida entera a una modalidad que ama: el tenis.

Cuando la conocí, iniciaba lo que para muchos podría ser una “vida normal”, lejos de las ajetreadas y extenuantes rutinas diarias que tuvo por años. Había decidido dejar a un lado su vida como jugadora profesional de tenis. Sí, me mencionaron que había jugado el deporte blanco, pero pasaron un par de años para enterarme de que Paula, la hermana de Naty, es una de las mejores tenistas que ha tenido Colombia.

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Conocer sobre su carrera pasó más por casualidad, porque esta muchacha de ojos verdes y de sonrisa incansable poco le gusta hablar al respecto. Nunca la he visto presumir de lo que es o lo que era. Por eso, además de contar su historia, también escribo estas líneas en honor a su carrera en las canchas.

El deporte como opción de vida es algo que solo un atleta puede entender, porque está llena de sacrificios, esfuerzos y obstáculos que para un parroquiano del común no tienen ningún sentido. Es algo que se lleva o no en el ADN y solo el que lo porta le puede encontrar lógica al asunto.

Como pasa en todos los deportes, siempre hay nombres más conocidos que otros y en Colombia el de Fabiola Zuluaga, Catalina Castaño o Mariana Duque son los que predominan en el mundo del tenis. Lo que no quiere decir que sean las únicas tres tenistas que ha tenido el país. Todo lo contrario, son las caras reconocidas en un medio que la mayoría desconocemos por completo, un mundo del cual solo escuchamos cuando hay un Grand Slam y del que solo se habla de aquella que lleve el rotativo de número uno del ranking mundial. ¿Y el resto no existen?

Pasa en todas las disciplinas, se conoce a aquellos que logran vencer los pronósticos y llegan a la cima. Lo que no significa que sean los únicos que lo intenten. Millones de deportistas entregan su vida a una disciplina y más allá de un futuro lleno de dinero o fama, lo hacen simplemente por amor a algo que da sentido a sus días. Lo llevan en el ADN y así quisieran nada se los puede arrancar de la piel.

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Mi querida Sisi, como llamamos cariñosamente a Paula, con sus 165 centímetros de estatura y figura de puro músculo de pies a cabeza, ha sido una de las mejores tenistas que ha tenido mi país. ¡Orgullo de la familia Zabala Álvarez y de la ciudad de Medellín!

¿No la conocen? A ver les cuento, entre otras cosas fue en algún momento de su carrera la tercera jugadora con mejor ranking en Colombia, después de Catalina Castaño y Mariana Duque, también hizo parte de uno de los equipos que representó a Colombia en la copa Fed Cup, el equivalente de a la Copa Davis pero femenino. También fue en aquella época la única jugadora antioqueña que hacía parte del circuito internacional de tenis. Además, en su vida como estudiante, fue la líder del equipo de tenis de la Universidad Internacional de Florida (FIU), con la que logró algunos de los títulos más importantes de su carrera, además de ser elegida en múltiples ocasiones como la mejor jugadora de la conferencia en que participaba.

En los grandes medios pasa constantemente que solo hay cabida para lo que ocure con James David y sus secuaces, por ello, muchos de aquellos deportistas que también luchan día tras día por dejar su registro quedan perdidos en los anales de la historia. Por eso, aquellos recortes de periódicos en donde destacan sus logros, las medallas, los trofeos y fotos se convierten en preciados tesoros que traen lindos recuerdos de aquellos momentos dorados.

Como la gran mayoría de historias de los grandes deportistas, Paula comenzó su contacto con el deporte gracias a sus papás. Mientras su mami tomaba clases en la Liga de Tenis de Campo de Antioquia, ella le ayudaba a recoger bolas, cuando tan solo era una chiquilla. Aunque no recuerda exactamente cuantos años tenía, ella apunta que podrían ser alrededor de 5 o 6.

Poco a poco, se fue involucrando en la disciplina y su evolución era tan notoria que pronto fue necesario ponerla en clases. El apoyo de sus padres fue fundamental, pues desde sus inicios creyeron en su potencial y le brindaron todo en sus posibilidades para que su talento floreciera.

La práctica hace al maestro y sus entrenamientos aún siendo una pequeña la llevaron a convertirse en un prospecto del tenis cuando tan solo tenía 11 años, edad en la que ya competía en torneos y su nivel era más que excepcional.

Cuando llegó a sus 12 años, su vida dio un cambio radical, por razones familiares tuvo que salir del país que la vio nacer para radicarse en el lugar en donde cosecharía sus mayores triunfos y logros como deportista, la ciudad de Miami.

Iniciar una vida como inmigrante en un país ajeno nunca es fácil. Nuevo idioma, nueva cultura y todo lo que implica un cambio de esta naturaleza. Pero tal vez el deporte ayudó a que esta pequeña, de mirada intensa, se aferrara aún con más fuerza a lo que sería el motor de su vida por los próximos 20 años.

Inició clases en una academia de tenis de la ciudad y poco a poco su rutina se fue volviendo más y más estricta. Madrugar a entrenar, luego ir al colegio, nuevamente a práctica en la tarde, entonces regreso a casa para hacer tareas y dormir.

¿Se imaginan hacer esto los siete días de la semana? No suena muy divertido, si se tiene en cuenta que los demás niños de su edad tenían rutinas totalmente diferentes. Pero nuevamente, solo el que lleva el ADN del deporte puede entender la razón detrás de este casi frenético y disciplinado modo de vivir. No todos lo resisten.

Su nivel siguió en asenso, lo que le permitió tener una mejor posición en el ranking de su categoría, razón por la que pudo participar en torneos más competitivos y viajar a diferentes lugares de Estados Unidos.

Los retos que se presentan en la vida de un deportista pueden significar aquella sutil línea que se debe superar para llegar al objetivo. Siendo tan solo una adolescente, Paula tuvo que aprender nuevamente a jugar. No recuerda exactamente cómo o por qué pasó, pero cuando era niña, en Medellín le enseñaron a jugar con su mano derecha, a pesar de ser zurda natural.

Sus entrenadores en Estados Unidos consideraron que le vendría mejor utilizar su mano natural para jugar. ¿Pero cómo hacerlo sin perder lo que ya había logrado hasta el momento? La respuesta es simple, más entrenamiento y trabajo que cualquiera de sus compañeritos.

A pesar de lo difícil que fue lograrlo, el resultado para su carrera fue determinante, ya que desarrolló una habilidad única de muy pocos prodigios en el deporte, ser ambidiestra y poder jugar con las dos manos.

No tuvo fiesta de 15 años, prefirió irse de viaje a disputar un torneo. Así celebró esta fecha que para otras familias es sinónimo de parranda y bebida. Pero este tipo de decisiones le permitieron llegar a un punto en que tras graduarse de la escuela secundaria podría darse el lujo de estudiar una carrera universitaria sin pagar un solo centavo.

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¿Ir a la universidad o lanzarse a ser jugadora profesional? A diferencia de muchas de sus amigas de infancia del tenis que eligieron iniciar sus carreras profesionales, Paula se inclinó por ir a la universidad y jugar para el equipo de FIU, en donde tendría no solo la oportunidad de ser la líder de su equipo, también podría realizar sus estudios teniendo una beca completa.

Los que se preguntan por qué no ser profesional y estudiante al mismo tiempo, aquí la respuesta. Por reglas de los organismos que regulan el deporte universitario, ningún estudiante becado puede participar en competiciones en las que ganen dinero, es decir que tienen prácticamente prohibido competir en ligas o torneos profesionales.

El deporte en Estados Unidos está organizado de tal forma que los atletas de alto rendimiento pueden acceder a becas que cubren todos sus gastos en la universidad, al mismo tiempo que representan a la institución en los diferentes torneos en que participan. Cómo pasa en el baloncesto o el fútbol americano, los jugadores no reciben un sueldo pero tampoco tienen que preocuparse por los gastos de sus estudios. Luego de graduarse, algunos se lanzan al profesionalismo en su disciplina.

De los 4 años que Paula estuvo en la universidad, lideró a su equipo para ganar en tres ocasiones el título del Sun Belt Conference. Además, comenzó a participar en torneos internacionales que la llevaron a viajar a Asia, Europa, Centro, Sur y Norte América.

Se graduó como sicóloga en el 2008 y a una edad en la que muchos tenistas le están diciendo adiós a las canchas, ella por el contrario decidió lanzarse al profesionalismo, un sueño que había querido cumplir desde sus inicios con la raqueta.

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Ser profesional en un deporte no significa que por arte de magia llegue un cheque mensual que cubra todos los gastos, todo lo contrario, es una lucha contra el reloj y la billetera para que el dinero que se gana en un torneo rinda para los gastos diarios, esperando además que alcance para costearse el viaje al próximo torneo.

Aunque nunca le hizo falta una raqueta o uniformes (ni tampoco Milo cuando representó a Colombia) gracias a los patrocinadores, el resto de gastos para competir dependían completamente de ella. Lo que sin duda genera una presión adicional en cada punto que se disputa. Mas allá del ranking o los títulos, el poder o no participar en un torneo depende mucho también de tener lo suficiente en la cuenta del banco para poder estar presente.

Entre los años 2009 y 2010 logró ubicarse en el número 368 del escalafón de sencillos y en el 312 de dobles. En el mundo alrededor de 5,000 mujeres se dedican profesionalmente a jugar tenis, pero tres de cada cuatro de ellas ni siquiera llegan a entrar en el ranking de la WTA. Es tan difícil poder figurar, que en este momento menos de 1,300 tenistas han logrado ganar algunos puntos en el circuito, lo que les da el privilegio de aparecer en el selecto listado. A pesar de estar en el mejor momento de su carrera, por aquella época ya en su cabeza rondaba la idea de dejar a un lado su gran sueño de ser jugadora profesional.

La carrera de un deportista profesional o de alto rendimiento es relativamente corta, son muy pocos los afortunados que pueden superar los 35 años y aún estar dando lora por ahí. De que los hay los hay, pero el desempeño físico de un atleta comienza a disminuir considerablemente luego de los 30 años de edad. La realidad es que muchos deportistas terminan sus carreras y aún tienen una vida por delante. ¿Qué hacer? ¿A qué dedicarse?

Hace algún tiempo vi un documental de ESPN al respecto en el que hablaban sobre la difícil situación que afrontan la gran mayoría de futbolistas profesionales luego de su retiro. Muchos de ellos caen en depresión, otros en problemas de adicción y tan solo un número muy reducido logra seguir trabajando en el mundo del deporte, cómo entrenadores, directivos o siendo parte de medios de comunicación.

¿Cómo decirle adiós a algo que es parte de su esencia, de lo que son? Una vida sumergida en el deporte enseña lecciones que van dando forma al carácter. Disciplina, constancia, perseverancia, sacrificio, resistencia al dolor, planificación y coraje son el pan de cada día de un atleta. Aptitudes que para nada sobran en nuestra vida cotidiana.

En el 2012 cuando la conocí, no supe mucho sobre su pasado en el deporte. Pero sí conocí su carácter, su personalidad entradora, su carisma y su sonrisa que parece nunca fatigarse.

Han pasado casi seis años desde que la conocí y cada día que pasa siento más admiración por quien es, por su amor por la vida, por la luz que da a todos quienes la rodean, por la enjundia que le mete a todo y por que cada día sale a comerse el mundo. Como lo dice ella, cada pequeña o gran prueba de la vida siempre la afronta como si fuera el último punto de un partido. Aunque no todos los ha ganado, en aquellos que ha perdido la he visto levantarse como un león para seguir luchando, con su sonrisa como espada para enfrentar lo que venga.

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Sus días como jugadora profesional quedaron atrás y hoy tiene la fortuna de combinar el tenis con otra de sus pasiones, la educación. Trabajar en un club de tenis le ha permitido seguir en la cancha y al mismo tiempo aplicar todo su conocimiento. Realizó una maestría en educación Montessori y por un par de años se desempeñó como profesora en este estilo de enseñanza, el cual aplica a diario cada vez que tiene la oportunidad.

Decir adiós al profesionalismo es tal vez un gran paso en la vida de un atleta élite, pero como lo decía en un principio, es imposible de tirar al baúl de los recuerdos aquello de ser un deportista. Esa disciplina, constancia, sacrificio, positivismo, valor y coraje quedan arraigados en el alma y se ve reflejado en cada uno de los pasos que ellos dan. Imposible de borrar en su ADN.

Lo que he aprendido de la historia de Paula, es que el deporte es algo que no se puede dejar a un lado. Sí, ya no es profesional, pero su vida aún gira en torno a una raqueta y las peluditas pelotas verdes. No hay una vida después del deporte, por lo menos para un deportista. Y no solo es el caso de Paula. Lo veo también en amigos, compañeros, colegas y desconocidos a donde quiera que voy. A donde quiera que los lleve el destino, en alguna forma o manifesatción el deporte siempre será una constante en sus vidas.

En Nueva York, conozco un grupo de brasileños que solo me llenan de admiración. Cada semana se reúnen lunes y jueves por dos horas para jugar futsal. Algunos me llevan 20 y hasta casi 30 años. 50, 55 y 60 tienen algunos de ellos y cada vez que tengo la oportunidad de participar en sus encuentros, no solo me dejan claro que la edad es tan solo un número, también son para mí una prueba inequívoca de que el deporte es una opción de vida que se lleva en el ADN y ni el paso del tiempo puede borrar.

“Me siento bendecida, por toda mi historia en el tenis. Lo que soy hoy en día, lo soy por el tenis”, dice Paula cuando le pregunté sobre qué le ha dejado el deporte, agregando además que temor no fue lo que sintió al momento de tomar la decisión de decir adiós al profesionalismo. “Miedo no, pero inquietud. ¿Qué hay después si es lo único que he hecho?”, ella misma sabía la respuesta: “Oportunidades de descubrir nuevas cosas”.

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Andres Rubiano

Apodado desde muy temprana edad como Andrés Felipe. Es originario de las salvajes tierras bogotanas (Colombia) en donde fue criado con arroz, papa y carne para convertirse en un muchacho prodigio de… bueno, aún no sabemos, pero para algo bueno debió ser enviado a este mundo. Desterrado de su tierra, buscó refugio en las frondosas […]

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