Señores, ¡hablemos de fútbol!

Un pequeño homenaje a aquellos para los que el fútbol y el deporte han sido su opción de vida. ¡Mis respetos señores!

Futsal

Sé que se nos viene la final de la Champions League y que la gente en Colombia anda pegada del rentado nacional, etc. Pero hoy mi intensión no es hablar sobre esto, hoy quiero hacer un pequeño homenaje a aquellos para los que el fútbol y el deporte han sido su opción de vida. ¡Mis respetos señores!

Soy seguidor de Millonarios –yo sé, no me lo tienen que decir- y la selección Colombia. Sí, sufro de más cuando juegan. No tengo ninguna afinidad con algún otro equipo en el mundo, punto. Sé los nombres de algunos jugadores y ando más o menos al tanto de lo que pasa. No soy un experto ni una biblia del asunto. Pero mi relación con el fútbol va mucho más allá de una camiseta, un escudo o un color.

Mi amor y pasión por fútbol no es la de un hincha o el seguidor que no se pierde un partido de su equipo del alma. La mía, es esa que trae intrínseca el estilo de vida de un deportista, una relación aún más profunda y difícil de explicar.

Disciplina, constancia, lucha, entrega, sacrificio y dedicación son algunas de las enseñanzas que le ha dejado el deporte a mi vida y que también veo en otras personas a mi alrededor inmersas en alguna disciplina.

No recuerdo desde que edad comencé a jugar, ¿4, 5? Sí tengo presente en mi cabeza que no tenía ni 8 o 9 años cuando ya iba solo a mis entrenamientos con una maletica que tal vez era más grande que yo. Era tan pequeño, que mi apodo de chico era “Pitufo”.

Por aquellos años, con la bendición de mi mami al salir de la casa, tenía que montarme en un bus público, bajarme en un sector súper peligroso de Bogotá y caminar algunas cuadras para llegar al colegio donde entrenaba los sábados. Me robaron un par de veces y pues no contaba nada para que me dejaran seguir yendo. ¡Sí mami, me robaron!

Desde esa edad, no he parado de jugar, entrenar y vivir un estilo de vida que muy pocos entienden, comparten y respetan. Soy de los que en casa camina por todo lado con un balón, tal cual como me enseñó un tal Oliver Atom… no se rían que es en serio, pregúntenle a Naty. ¿Su mejor amigo no es el balón? El mío sí.

Estuve lejos de ser el mejor, ¡lejos!, pero llegué tan alto como la vida me lo permitió. Lindos recuerdos. Jugué con la liga de Bogotá, Polikennedy, P&Z y la Universidad Santo Tomás. Pude viajar, ganar torneos y hasta representar a Colombia en un evento internacional… otra vez repito, no siendo el mejor y algunas veces estando en la banca sin jugar un minuto.

Pude compartir la misma camiseta con apellidos legendarios en Colombia como Pinilla, Santos, Estupiñán, Soto, Gómez, Sierra, Hernández, Abril, Silva y otros más… En algún momento de mi vida, el fútbol se convirtió en mi trabajo mientras terminaba mi carrera en la Universidad.

Jugaba entre seis y ocho partidos en una semana, más cuatro entrenamientos -hagan cuentas del tiempo que le metía a la vaina. Esto se quedó en mi ADN y estilo de vida, porque no puedo pasar una semana sin jugar un par de veces, me siento incompleto, desnudo… jaja, bueno tampoco.

Pronto cumplo 9 años viviendo en Estados Unidos. Cuando llegué, tardé algunas semanas en encontrar mi gente, pero ahí estaban, todas las tardes en el Stanley Park de New Britain. Y sin importar el rincón del mundo del que vengamos, aprendí que el deporte es un idioma universal, que no necesita tradución.

Muchas veces sin poder comunicarme he jugado con gente de Nigeria, Camerún, Irlanda, Inglaterra, Italia, Marruecos, Irán, Yemen, Portugal, Suiza, Francia, Brasil, Corea del Sur, Japón, Indonesia, India, Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Moldavia, Irlanda, Polonia y de seguro algunos se me queda por fuera. Por supuesto, también jugué con españoles, mexicanos, argentinos, hondureños, guatemaltecos, panameños, costarricenses, peruanos, ecuatorianos, venezolanos, chilenos, paraguayos y salvadoreños, según recuerdo.

 

Hace un poco más de tres años y medio, con la ayuda de mi hermano, iniciamos la idea de crear un equipo de futsal en Nueva York, no en busca de glorias o títulos –esa época ya quedó atrás- pero sí con la intención de organizar un grupo que le permitiera a personas como nosotros encontrar un espacio para jugar y tal vez construir una pequeña comunidad entorno a este deporte.

Nunca imaginamos que para algunos de los miembros del equipo esta idea transformaría, en cierta forma, su experiencia de vida en la ciudad. Se convirtió en un grupo de amigos y una familia deportiva. Quedan muy pocos de aquel conjunto con el que iniciamos, pero aquellos que poco a poco se han unido aportan y hacen crecer esta iniciativa llamada Real Dynamo y que cada día se ve más organizada.

Como todo en la vida, el grupo ha tenido momentos de alegría y otros, no de tristeza, llamémoslos de crecimiento. Hace algunos días, le dijimos “hasta pronto” con algo de nostalgia a dos de los jugadores de nuestro equipo: Luis y Facundo. Uno en busca de nuevas metas en Europa con su familia y el otro de regreso a casa en Suramérica, donde espero poder visitarlo algún día.

Algunos meses atrás también despedimos a uno de los pilares del grupo, Beto, quien regresó a su tierra natal y ahora disfruta de los partidos del Real Madrid en vivo desde el Bernabéu. Hace un par de años, mi hermano, tal vez el mejor jugador que hemos tenido, también retornó a Colombia en busca de sus sueños profesionales, hoy es entrenador del equipo de una universidad en Bogotá.

Sin duda uno de los momentos más difíciles, para aquellos que hemos estado desde el inicio, fue cuando perdimos por causa del cáncer a Kirill, de tan solo 28 años. Un ser humano increíble. Su partida dejó un vacío enorme en el grupo y por supuesto una reflexión sobre cómo la vida nos puede cambiar en cualquier momento. En uno de los últimos torneos que participamos, todos llevamos una cinta negra en el brazo recordado a nuestro amigo. Hubiéramos querido honrarlo con una victoria, pero nos golearon, 3-0.

Hoy recordamos a un amigo que se fue @avocadian11.

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También hemos viajado a torneos, ganado copas y celebrado. No es fácil mantener a flote un equipo, pero siempre es grato y muy satisfactorio ver que en una ciudad como Nueva York hayamos podido consolidar una idea en torno a un balón y un deporte aún extraño para algunos aquí, el futsal.

Gracias Adrián, Alex, Quique, Anthony, Daniel A., Daniel R., Luis, Beto, Maciej, Richy, Dnaiel L., Vitaly, Sergio, Mikha, Artur, Duccio, Rodolfo, Oscar, Dovid, Juan Pablo, Mido, Jaime, Emmanuel y todos aquellos que de alguna forma han hecho parte de este proceso… Gracias por las memorias y los buenos momentos que han ayudado a construir.

También, para todos aquellos alrededor del mundo que dedican su vida al deporte un aplauso y mis respetos. Como se lo dije alguna vez a un amigo y jugador que admiro, puedo contar con los dedos de mi mano a las personas que tienen esa disciplina para ir a un entrenamiento, tomar el tiempo para practicar, así estén solos o mientras los demás duermen o están de fiesta… es algo que no muchos entienden…

Yo por mi parte, a pesar de que a mis 34 años y siendo el más cucho del equipo, le agradezco enormemente al deporte todo lo que me ha dado y enseñado, no sería el mismo si no hubiera decidido jugar fútbol y todo lo que ello implica. Seguiré dándole patadas a esa pecosa hasta cuando la vida me lo permita, confesándoles también que uno de mis mayores miedos es pensar que algún día ya no pueda jugar más.

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About the Author

Andres Rubiano

Apodado desde muy temprana edad como Andrés Felipe. Es originario de las salvajes tierras bogotanas (Colombia) en donde fue criado con arroz, papa y carne para convertirse en un muchacho prodigio de… bueno, aún no sabemos, pero para algo bueno debió ser enviado a este mundo. Desterrado de su tierra, buscó refugio en las frondosas […]

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